Sé, sé que lo había prometido para ayer, pero no tuve a mi disposición este magnífico, oscuro y rectangular, aunque no mucho, aparato.
Aunque hoy sí, puedo teclear, me invade.
¿Un ejército?, no lo creo, solo un guerrero, una angustia, vestida de interrogación, con el poder suficiente para escupirle un ojo al Dalai Lama y después tomarse un frapuccino, sin mayor reproche.
Me aqueja, no poder disfrutar un café, no milk, just coffee, obviamente, estar pendiente de no quedar mal, tener una diluida, aunque presente, paranoia, de cruzarme a alguien que no quiero, o algo por el estilo.
Es que me corté el pelo, y me quedo para la mierda, suele pasar.
Mejor prosigamos.
Y así fué, se terminó, y junto con ese amistad con afecto, se fué el frió, los cachetes colorados, la ducha caliente, los abrigos, se fué.
Y uno pensaría, yo también, que al ser de pueblos separados, no sufriríamos esa incomodidad de el encuentro cotidiano, y así fue, hasta que una tarde de calor, calor fastidioso, molesto e incómodo, sumado a que venía de un idílico viaje (mentira, fué como cualquier otro), en colectivo.
Y, como quien no quiere la cosa, o por lo menos, no la espera, ahí estaba ella.
Tiene una singularidad, es portadora de una carita linda, una belleza subjetiva, a quien la observa, pero lo destacable de esa belleza es que es constante.
Eso temía, yo venía de jugar al golf, y ahi estaba ella, despues de un picnic, armar carpas, hacer sociales (despeina), etc.
A diferencia de ella, yo tenia el pelo corto, cara de fastidiado y cargaba varios kilos de hierro en mi espalda, fué tal su sorpresa como la mía, aunque sospecho que ella lo disfrutó un poco más.
Su cara fué una mezcla de ojos que estaban por salir de sus órbitas y su boca que no alcanzó a balbucearle a sus amigas, miren, es él...
Admitiendo mi derrota, con un desdén propio de un lord inglés a quién encuentran tirandosé un eructo con olor a pollo frito, me fuí a mi casa, a tomar un té con leche, eso reanima, ayuda.
Uno creería que ella podría vivir de ese momento por siempre, como un chancho jabalí puede vivir revolcándose en el barro de un caldenal pampeano, pero no.
Fue así que un día, uno de esos, de nada especial, entro a mi facebook y tampoco habia nada inesperado, nada imprevisto, sin embargo estaba ahí, lantente, solo que yo no lo podía ver, como nadie puede ver cuándo un cable de un puente se va a cortar, como nadie pudiera haber visto ese dejo de bondad, ahí escondido, quién sabe donde, que me volviste a aceptar, como amigo de facebook, no parece mucho, partiendo del odio visceral que terminó todo, o no para tanto...
"... tenés que venir a pasear un día de estos, vas a venir?..." dijiste.
Cómo eso despierta, una leve, pero sincera sonrisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario